Hoy se estrena en la gran pantalla española una película francesa precedida por un éxito de taquilla en Francia (Les émotifs anonymes). En inglés se estrenó como Romantics Anonymous.
Asistí al pase de prensa en los cines Verdi, en el barrio de Gràcia de Barcelona después de tomar un rico brownie en el acogedor Cafè Camelia. No me gusta destripar el argumento, aunque por todos será conocido. Angélique, experta bombonera, con un gran talento y una timidez patológica entra a trabajar en la pequeña fábrica de Jean-René, otro introvertido con miedo a las mujeres. Se enamoran pero surgen los desencuentros y deberán superar su ansiedad, su fobia social y las dificultades para poder estar juntos. La trama chocolatera no es la protagonista. Que nadie espere una réplica de "Chocolat". Así que las imágenes son aptas para los no chocoadictos: puedes llevar a tu novio o a tu amiga que está a dieta. Tampoco es “Amelie”. Ni el humor tiene el gancho de “Bienvenidos al Norte”.
Dirigida por Jean-Pierre Améris, director de La vida, está protagonizada por Isabel Carré, ganadora de un premio Cesar y nominada además seis veces, y por el actor belga Benôit Poelvoorde, muy conocido en Francia y comparado con Louis de Funès.
"Tímidos anónimos" es una comedia un poco azucarada pero simpática, que se deja ver y donde lo importante es la actuación, los rasgos de los personajes, y una lograda ambientación, de acorde con ellos. En la página web de la productora podréis ver el tráiler. Sin dudar la recomiendo a quienes nos gusta el chocolate y a quien quiera salir del cine con una sonrisa. Es un filme sencillo y sin pretensiones, cuyo mensaje es que se puede salir adelante en todas las circunstancias. Que no es poco.
Nos dieron una tableta de chocolate Nestlé extrafino tres chocolates (nuevo, rico, hablaré de él otro día) con un envoltorio del cartel de la película y la receta de Angélique de cremoso de cobertura de leche y pimienta de la Escuela de Pastelería del Gremio de Barcelona. La sacaré otro día o quien la quiera, que me la pida ya. El Museu de la Xocolata de Barcelona ha colaborado en el estreno y en el concurso de recetas organizado para promocionar el filme. Ver aquí las recetas, los premios que se entregarán y más patrocinadores.
(Spoiler)
El que advierte no es traidor. Aquí cuento la trama de la película explícitamente. Quien no quiera enterarse, que no siga leyendo.
Angélique trabajaba como chocolatera oculta de un confitero, Mercier; la tapadera era que el creador de los exitosos bombones era un ermitaño. Al morir Mercier de forma súbita, tiene que buscar trabajo. Aterriza en la fábrica de Jean-René, con cuatro empleados, y por error entra a trabajar de representante. Un puesto de comercial para una persona con carencias de comunicación, pero no se atreve a deshacer el entuerto.
Angélique asiste a reuniones de Tímidos anónimos, que a semejanza de los Alcohólicos anónimos, se prestan apoyo sin juzgarse. Estos grupos de ayuda existen de verdad en Francia bajo el nombre de Émotifs anonymes. Jean-René acude al psicólogo, que le pone ejercicios para ir superando su problema: invitar a alguien a cenar, tocar a una persona, hacer un regalo.
Los bombones de la fábrica de Jean-René son muy clásicos, muy tradicionales y han perdido valor. Angélique tendrá una idea para renovarlos sin decir que ella era la chocolatera de Mercier. Esto no la cuento.
Jean-René huye en los momentos clave del inicio de la relación: la primera cita y la primera noche juntos. Está aterrorizado. El final del filme me recuerda a dos películas conocidas y hasta aquí puedo escribir…Si lo cuento ya habré estropeado todavía más la película.
Lo que me ha gustado: las escenas de chocolate, bien sûr. Isabelle Carré, la protagonista, por su manera de encarnar la sensibilidad y encarar la falta de confianza. Los gestos de Benôit Poelvoorde, el propietario de la fábrica. Los empleados. Parte de la música. La cuidada fotografía. La ambientación y el vestuario, aunque viejunos. Todo muy clásico, toques coloristas y kitch. La bufanda escocesa de Angélique. No son detalles al azar.
Lo que no me ha gustado: quizás se ha forzado el tema de la introversión, tratándolo con demasiado humor, cuando hay gente que, como el protagonista masculino, lo pasa fatal, no sólo cambiándose de camisa cada vez que suda. Están incapacitados para llevar una vida normal. Pero si el propio director es introvertido confeso, él sabrá por qué lo ha hecho.









