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jueves, 28 de abril de 2016

PACARI, CHOCOLATE DE ECUADOR CON PREMIOS Y VALORES

Entrevista a Santiago Peralta, cofundador

“Queríamos hacer algo de lo que no nos arrepintiéramos en 20 años”.

Santiago Peralta es, junto a su esposa Carla Barbotó, cofundador de Pacari, una empresa que elabora chocolate en Ecuador a partir de las habas de cacao, controlando todo el proceso de una manera directa y transparente. La calidad y las características organolépticas de su chocolate han sido reconocidas por casi 130 premios, muchos de ellos por los International Chocolate Awards, un certamen de prestigio. Pero además de esos valores aromáticos están los valores de responsabilidad social y ecológicos que respetan la tierra y la salud de sus trabajadores y consumidores. Y es la única compañía chocolatera de cultivo biodinámico certificado.

“La génesis de la empresa  comenzó con  la que entonces era mi novia. Queríamos hacer algo de lo que no nos arrepintiéramos en 20 años”, cuenta Peralta en el transcurso de una cata y una entrevista (abajo del texto) en la feria Alimentaria, en Barcelona. De un negocio de exportación de las primeras flores orgánicas del mundo, que dejaron, pasaron a exportar habas de cacao, nibs y pasta de cacao en 2002.

Santiago Peralta y Carla Barbotó, con trabajadores de Pacari. 
Las habas del cacao una vez abierta la mazorca. (Estas 4 fotos, autoría de Pacari)

La fermentacion del cacao en cajas de madera. Abajo, el secado de las habas.





Eso no bastaba. Tenían que fabricar su propio chocolate en Ecuador y en 2008 comenzaron a exportar sus tabletas, hoy presentes en más de 37 países. Pacari significa naturaleza en quechua, para evocar todo lo que significa su chocolate. Los países cultivadores de cacao han sido desde siempre exportadores de la materia prima y sus agricultores eran retribuidos precios muy bajos. Pacari apostó por el sistema de fabricación “del árbol a la tableta” (from tree to bar en inglés) y por ubicar en el primer lugar al agricultor, pagándole más por la producción ecológica del cacao  y educándole a cuidar la tierra. Fueron unos pioneros.

Ese modelo va más allá del conocido como “del haba a la tableta” (from bean to bar) ya que tiende un puente entre quien cultiva el cacao y quien produce el chocolate. Más de 3.000 familias se benefician hoy en día de programas de certificación ecológica y biodinámica e incluso de capacitación en agricultura sostenible, todo impulsado por Pacari.

Explorando sabores

En su búsqueda de los mejores sabores del chocolate, Santiago Peralta juega a explorador. Pasa la mayor parte de su tiempo en el campo, buscando cacao genéticamente diverso y en viejas plantaciones para capturar esa paleta de aromas y sabores. Elaboran dos tipos de tabletas. Una son los chocolates negros de origen único, hechos con cacao de distintas regiones ecuatorianas, con notas inherentes del haba de cada tierra. El chocolate de la lluviosa provincia Esmeraldas tiene notas caramelizadas; el de Manabí, provincia seca cuyo suelo recibe las cenizas volcánicas de los Andes, acusa un sabor floral y frutal. El otro tipo de tabletas incorpora ingredientes latinoamericanos ancestrales (como  la physalis o la sal rosada de Maras, de las salinas cercanas a Cuzco, Perú, entre otros). Además elaboran chocolate en polvo y frutas o cacao cubiertos de chocolate.



Conocía algunos de sus chocolates gracias a Club del Chocolate, que los vende online en España, y a una amiga con marido ecuatoriano.  Durante la cata guiada en Alimentaria, Peralta describe las notas de avellana y banana madura de la tableta Esmeraldas 60%; los matices de madera, jazmín y cardamomo de la tableta Raw 70%; el sabor a nuez de la tableta Montubia 70%; las notas de naranja y caramelo de la tableta de Piura Quemazón 70% hecha con cacao albino. Esos aromas y sabores son naturales al cacao de la cepa ancestral Nacional Arriba de Ecuador, no son añadidos. Realmente exquisitos.

En las tabletas con ingredientes añadidos pruebo la de rosa andina, de sabor muy auténtico y persistente; la de guayusa runa, una yerba emparentada con la hierba mate y con sabor parecido al té matcha; la de cedrón, parecida a nuestra verbena, y la de jengibre y chía, todas muy buenas. En España Pacari presenta además una gama de cinco tabletas que incluyen los llamados “superalimentos” por sus propiedades beneficiosas para la salud: los ya citados jengibre y chía (una de las novedades), guayusa runa y arándano azul, maca y espirulina. Otra línea son los productos de bajo índice glicémico elaborados con azúcar de coco.

Solo una muestra de las muchas tabletas de chocolate 
Por otro lado, Pacari es líder en el concepto de raw.  Esto no significa que su cacao sea crudo literalmente sino que es mínimamente procesado. En la producción se mantienen las temperaturas bajas incluso durante la fermentación, para conservar todas las propiedades y flavonoides del haba de cacao.

Interacción con los agricultores: aprender  y enseñar

Santiago Peralta, que nunca llegó a ejercer la abogacía pero quiso buscar la justicia de otra manera, es una persona cercana, y recalca varias veces que la propietaria de Pacari es su mujer Carla. Habla con naturalidad de sus inicios, de cómo fabricaron sus propias máquinas para trabajar el cacao, de los 7 años que llevan de producción biodinámica, con la que han conseguido un mayor rendimiento en el cultivo de cacao. 

El contacto con los agricultores les ha permitido aprender de ellos y también han ayudado a empoderarlos, ya que antes había intermediarios que les engañaban en la compra del cacao. La relación de Pacari con los agricultores es de comercio directo (más allá del comercio justo) porque son ellos quien fijan el precio del cacao. Además, gracias a las tabletas con ingredientes como frutas latinoamericanas, se han beneficiado muchas mujeres  de la Sierra Ecuatoriana que ahora se dedican al cultivo ecológico de algunos de algunos de estos productos (como la uvilla o physalis).

Charlamos sobre el sector del chocolate fino de aroma, muy distinto al del chocolate al que la mayor parte de la gente está acostumbrada, y el reconocimiento al agricultor del cacao.

Cuesta que los consumidores, sobre todo en España, aprecien el chocolate fino de aroma. ¿Ha visto que la actitud hacia el chocolate fino ha cambiado?
Sí, en todos lados cuesta. Es un trabajo de educación que la gente entienda qué es un cacao fino, que hay unas notas que no estaban en los chocolates que comían antes. Cambia tu versión del chocolate, que se vuelve interesante, es un paseo, un viaje, un descubrir y descubrirse. Te haces un conocedor. Como con el vino, cuando empiezas a probar este chocolate, puedes describir los aromas.

¿Qué diría a un consumidor que piensa que es caro pagar más de 3 € por una tableta de chocolate?
Que es un lujo muy asequible comer el mejor chocolate del mundo, modestia aparte, (dice con humor) por algo más de 5€, que es lo que cuesta la barra de Raw 70% (Medalla de oro en los International Chocolate Awards al mejor chocolate negro de origen en 2015, entre otros premios). Un jamón pata negra o una buena botella de vino cuestan más.

¿Cómo cree que va a desarrollarse el mercado del chocolate fino de aroma?
Como todo lo que se educa, toma su tiempo pero es la mejor inversión. Es el sabor social del chocolate. Como empresa salvamos el 2% del banco mundial del cacao y nuestra meta es salvar el 10%. No se puede funcionar si no hay educación, si no se respeta y valora el cacao. No queremos extinguir el cacao, queremos que sea rentable y que el agricultor no tenga que emigrar.

Gracias a su dedicación, el cacao de Ecuador empezó a ser reconocido y valorado en el mundo entero pero ¿se considera un embajador de Ecuador?
Yo soy prolatinoamericano, no soy solo fan de mi comida sino de la de otros países. En todos los lugares me siento en casa. Tengo pasaporte latinoamericano desde hace tiempo. Soy un panlatino.

¿Cuál ha sido el proceso de creación de los chocolates con ingredientes típicos andinos?
Siempre estamos experimentando. Dios te los pone en el camino y comienzan a prender la chispa. Tienen la limitación de ser orgánicos y hay que educar al que los cultiva en el campo. Es un proceso continuo.

Controlan el proceso desde el cultivo del árbol del cacao, lo cual implica una interacción con quienes lo cultivan.
Sí, implica interacción con los agricultores, muestra su cultura, una realidad existente. El chocolate es el presente, se valora el origen. Pacari existe gracias a sus cooperativas de agricultores y las cooperativas existen gracias a Pacari.

Pero cuesta que los consumidores valoremos ese trabajo y al final, compramos chocolate por precio sin saber nada de los cultivadores del cacao.
La marca blanca y el anonimato esconden una oscura realidad que lleva algo inhumano, que maquina una vergüenza. Es terrible que detrás de una cosa tan placentera esté una desgracia. Somos cómplices de un crimen de esclavitud con el 85% del cacao que se cultiva en excolonias europeas, como Ghana, Costa de Marfil e Indonesia.

Una pregunta que le habrán hecho muchas veces. ¿Qué suponen los premios?
Son un reconocimiento obvio a algo que nos muestra como un país que no solo es productor de materia prima. Que es capaz de contar la historia de quien cultiva cacao, del campo, de concienciar, de hacer visible una realidad a la que antes estábamos cerrados.  Los premios son un acto de justicia ligado a una enorme responsabilidad para la empresa y la cadena de valor.

Para saber más:

-Casi 130 premios, de los cuales hay 95 medallas de oro, plata y bronce en las últimas ediciones de los InternationalChocolate Awards. Es el principal ganador de este certamen, uno de los más importantes del sector a nivel internacional.

-No usa soja ni lácteos y está certificado ecológicamente en EE.UU y la UE. Tiene el sello Demeter Biodynamic Certification, que acredita que las fincas de producción de materia prima mantienen un ecosistema auto-regenerativo, libre de químicos, pesticidas y fertilizantes, con un equilibrio ecológico entre animales, suelo, plantas y humanos.

-Emplea a 35 personas directamente. Trabaja de la mano de más de 3.000 familias y beneficia a cerca de 40.000 personas de forma indirecta.

-Colabora coordinando ordenadores usados en las escuelas de agricultores, en el Proyecto Linterna (distribuye lámparas portátiles solares a los agricultores como alternativa al uso de linternas con pilas que pueden dañar el medio ambiente) y en el programa “Alcanzando Potenciales”, para la educación de personas con síndrome de Down y autismo, entre otros proyectos solidarios.

En España, los chocolates pueden comprarse en El Corte Inglés, Hipercor, muchas tiendas de productos ecológicos y en Club del Chocolate (online). El distribuidor oficial es COPADE.

Una nota triste la pone los recientes terremotos en Ecuador, que además de las pérdidas humanas en todo el país, han afectado a más de 300 agricultores del cacao de Pacari que se han quedado sin hogar en las provincias de Esmeraldas y Manabi. “Hemos trabajado 14 años para mejorar la vida de estos agricultores y se han perdido 5 años de trabajo. Costará muchos años recuperarse”.  


Foto enviada por Santiago Peralta a Pacari de Reino Unido, de la casa de un agricultor

A la pregunta que hago sobre cómo es posible ayudar, Santiago Peralta responde que comprando chocolate y a través de donaciones a su distribuidor en España, COPADE, una organización internacional de desarrollo, que dispone una cuenta corriente para comprar material (filtros para potabilizar el agua y comida) en la zona afectada. En la página de Facebook de Pacari podéis ver cómo se está ayudando. https://www.facebook.com/PacariChocolate


Visualiza y comparte este vídeo si quieres ayudar.

https://replayapp.com/v/V7rXeS4wsx/?autoplay=1

La cuenta de COPADE (Fundación comercio para el desarrollo) con el asunto “Ayuda a Ecuador” es la siguiente:

IBAN ES42 2100 2911 4102 0014 7174

lunes, 20 de julio de 2015

JORDI ROCA, UNA ESTRELLA EN LA TIERRA DE GIRONA

El somni es seguir soñando

Repostero innovador, juguetón, alquimista de técnica y emoción, de sabores y texturas, inconformista. El mejor pastelero del mundo 2014. Harían falta muchas palabras y frases para describir a Jordi Roca. Muchas páginas para contar una gran historia, la de tres hermanos que de pequeños comían "pa, vi i sucre" de postre, y se embarcaron sin quererlo en un sueño de estrellas. El actual mejor restaurante del mundo.   

El Celler de Can Roca bulle con actividad y han pasado las cinco de la tarde. Un jueves de julio. Jordi Roca nos recibe con amabilidad, la misma cordialidad natural que transcurrirá en distintos momentos de la entrevista, bien celebrada en una sala entre el jardín de la entrada, un comedor y la cava de puros y licores. Lugar acristalado desde donde se aprecian comensales felices tras la comida y otros que todavía la disfrutan.

No es necesario presentar a Jordi Roca ni mencionar las estrellas ni más premios recibidos. Àlex Pérez del blog elPiscolabis ha gestionado la entrevista y quiere que Jordi Roca hable sobre los menús y su experiencia en la expedición BBVA al Annapurna con el montañero Carlos Soria. Yo quiero conocer a la persona dedicada al final del menú de El Celler; al hermano pequeño que abrió la heladería Rocambolesc (que confieso con vergüenza no haber visitado todavía a pesar de desearlo desde 2012). Tuve la suerte de cenar en El Celler de Can Roca hace muchos años (guardo el menú de agosto de 2005). He seguido la trayectoria del restaurante, más la de Jordi Roca. Quiero saber más de postres, chocolate y helados.


¿Ves los postres como un experimento y como un juego?

Lo que hacemos en El Celler, en cocina y sala, es un apéndice de lo que hacen Joan y Josep. No se entienden los postres si no se entiende lo demás. Hay muchos contrastes, información, conceptos, sabores...y el discurso tiene que ser lo mismo. El postre aparece cuando sigues gozando pero cumples expectativas físicas y organolépticas y quieres jugar y divertirte. Ya ha habido maridaje y ha hecho su labor; hay complicidad con el camarero. No es lo mismo que al principio de la comida; el comensal ya no está cohibido después del decimocuarto plato. Todo se presta a la parte del juego, a postres divertidos. Es el guiño y donde yo me siento más cómodo.

¿Y en Rocambolesc?

Es el espíritu de El Celler. Soy el más joven de los tres. Hago el papel en el clan. Rocambolesc tiene un espíritu irreverente, desenfadado, para que la gente entienda el discurso conceptual de una manera divertida. 

¿Has pensado en introducir el postre en un orden diferente en el menú? (pregunta elPiscolabis)

El postre es la culminación de la comida. Antes de ser tan famosos lo hicimos. Lo introdujimos entre platos y acabamos con un postre salado. Pero no funcionaba mucho. Fue hace más de ocho años. Queríamos cerrar esquemas. El dulce corta la salivación. En todas las culturas hay un papel del dulce en el postre (excepto en África). Con Joan nos planteábamos que si comes algo ácido o amargo, la saliva sale. Con lo dulce, la boca se cierra, se crean endorfinas. Quizás lo recuperemos y la gente pueda decir "como lo hacen los de El Celler" (con humor), un cliente nos lo ha planteado...

Jordi Roca habla de la butifarra dolça, un gran plato de la cocina ampurdanesa, del papel  del azúcar como conservante, del azúcar en el deporte...

Has dignificado el postre y el oficio de postrero en el restaurante.

La palabra postrero no tiene que ver con los postres. Según la RAE significa al final de la cola. Me la apropié. Si el pastelero hace pasteles, yo soy postrero. También porque soy el  último en llegar del menú, el último de la fila. El primer gran pastelero fue Albert Adrià. También están Jordi Butrón y Oriol Balaguer. En los restaurantes antes no había una partida exclusiva de pastelería. Había un pastelero que era el panadero y también hacía los postres; lo dejaba todo preparado y se iba. Hoy el pastelero se queda hasta el final y acaba montando los platos.

Describe tu postre perfecto.

El postre perfecto es el que te guste. El más interesante para mí ahora es el suspiro limeño, típico peruano. Con dulce de leche montado aireado, la leche montada, con un merengue, congelado con nitrógeno líquido hace que sea parecido a la nieve. Da sensación de frescor y con fruta dulce.

Foto de Complicidad Gastronómica.

El postre es la interpretación del suspiro limeño que hizo durante la gira del pasado verano. Lleva lima, cilantro y pisco. Está en el menú junto a otro postre por el que yo hubiera apostado, anarkía de chocolate.


Foto de Complicidad Gastronómica.
Y el helado perfecto.

Tiene que tener su punto justo de frío, entre 8 y 10 grados, no más. Una buena emulsión, un buen nivel de aire. Un helado que se funda bien en boca. Que tenga equilibrio en temperatura, aire, grasa y azúcar. El sabor depende.

Rocambolesc ha convertido los helados en una fiesta infantil, un sueño, recreando Charlie y la fábrica de chocolate. De Girona a Platja d'Aro a Madrid, con helados disponibles en Barcelona; ojalá pronto una heladería aquí, para que todos puedan disfrutarlo.

Tu ingrediente favorito es...

La vainilla, es súper usado y tiene potencia aromática.

¿Qué es el chocolate para ti?

El chocolate en la cocina es un ingrediente esencial. Cuanto más lo conoces más te enamoras de él. Lleva impreso el carácter de la tierra. Se fermenta, se tuesta, se elabora. El producto es la haba de cacao. Y el chocolate es un postre ya de por sí, el postre por excelencia. El primero de la historia. Nosotros hacemos chocolate en casa. Cacao Barry de París selecciona las habas que queremos de México, Venezuela y Ecuador. Son tres habas de culturas interesantes.

Estas habas dan lugar a tres chocolates distintos que sirven además para explicar el papel de los hermanos Roca:

-México. Un chocolate especiado, con un haba más tostada, avainillado. Representa a Jordi, casado con Alejandra Rivas, pastelera mexicana.
-Venezuela. Un chocolate terroso y áspero. Representa a Joan Roca, el hermano mayor, el chef.
-Ecuador. Un chocolate donde está presente la fermentación, el alcohol, el vinagre acético de la vaina de cacao. Representa a Josep Roca, el sumiller.

En la expedición al Annapurna, marcada por el frío (bromeamos con el tema de los helados), elaboraron una chocolatada para niños lama que no habían visto chocolate en su vida. Ver las fotos de sus caritas era impresionante. Costaba más hervir en altura, cuenta, pero el proceso y el resultado fueron los mismos. De la experiencia en una montaña que le sobrepasaba, con limitaciones técnicas e ingredientes austeros, se queda con los paisajes y la hospitalidad de la gente.


Foto de BBVA

Niños lama del Monasterio Lho. Foto de BBVA

¿Cómo se combina la técnica y la imaginación? Háblame de la decoración en un plato.

Técnica e imaginación van de la mano. Nunca planteamos un plato según cómo va a saber y luego montamos la decoración. Lo prioritario es la búsqueda del sabor, la cuchara dónde va a buscar sabores.

La textura puede condicionar la percepción del sabor, explica, con ejemplos de una fresa al natural, aplastada, en un postre... En El Celler de Can Roca, las texturas, las técnicas y la estética cuentan, pero por encima de todo, está el sabor.

¿Cuál es el papel de las escuelas de pastelería?

Nosotros estudiamos en Girona. Es súper importante tener formación académica para crecer. Lo avalamos. También hay que viajar, moverse, ver cocinas.

Los hermanos Roca han sido alumnos de la Escuela de Hostelería de Girona, donde Joan es además docente. Por lo tanto, aunque aprendieron en el bar de sus padres, el Can Roca y reconocen a su madre, Montserrat Fontané, gran cocinera, como el alma de El Celler, el paso por las aulas fue un momento clave.  

Jordi Roca ha colaborado con revistas de divulgación y con programas de televisión.

¿Y el papel de las revistas de pastelería y los programas de cocina y de pastelería televisivos?

Las revistas divulgan, es importante educar y dar a conocer al gran público. En los programas en la televisión te lo pasas bien, es divertido y sirven para que la gente sepa lo que cuesta, el esfuerzo que hay detrás y valoren la pastelería. Yo no soy mecánico pero si en Discovery Channel ponen un programa de mecánica, lo valoro más.

Las imágenes en cocina y en las redes tienen cada vez más importancia. El gestiona su propio perfil de Instagram. "En Instagram me lo paso bien y ya está".

El comensal es cada vez más exigente.

El comensal sabe cada vez más, debido también por el móvil. Hace diez años no sabía lo que iba a comer. Ahora lo comparte por las redes sociales; es parte de la experiencia, el poder compartir. La gente sabe más lo que quiere, llega muy informada.

Jordi Roca compara la experiencia de ir a un restaurante con la ópera.  La gente sabe cuándo suceden las cosas, cómo va a acabar, qué aria cantan en qué momento... Y en un restaurante del que has leído o has visto platos pasa lo mismo. "Vives los momentos y puedes disfrutarlos igual, lo que mola es degustar, compartir". 



¿Qué consejos le darías a un aprendiz?

Que aprenda, que tenga curiosidad e ilusión. Que coma, que viaje y que tenga claro lo que quiere.

Me gusta la siguiente pregunta porque los Roca están involucrados en muchas iniciativas solidarias y no por imagen. Son patrones de una fundación que ayudan a chicos en riesgo de exclusión social, con familias desestructuradas (alguno trabaja en el restaurante, otros en huertos). Colaboran con el Banco de Alimentos con sus libros y con otras asociaciones benéficas.

¿Qué papel ocupa la responsabilidad social en vuestro restaurante?

Está desde siempre. Desde el bar de pueblo, el bar de mis padres. La madre ayudaba siempre que podía. Por la puerta de delante venían los clientes y por la puerta de detrás venía gente a pedir. Lo asumimos como algo natural. No nos hace falta porque es bonito. Mientras podamos ayudar lo haremos.

He disfrutado preparando (espontáneamente) esta entrevista. He disfrutado enormemente el momento con Jordi Roca. Me ha transmitido sinceridad, humildad, paciencia, esfuerzo e ilusión. Le agradezco su flexibilidad al habernos recibido por la tarde en lugar de por la mañana, cuando estaba concertada la cita. Él, inmerso en su trabajo, cuando todavía no había concluido la comida en El Celler y había comensales a los que atender.

El día que comenzó rocambolesco acabó con unos bombones de Damian Allsop, el pastelero galés que inculcó a Jordi Roca el interés por el oficio. A pesar de que salimos de Barcelona con tiempo para llegar a Girona, nos vimos envueltos en un atasco por  la avería de un autobús y un accidente; al reventón de un neumático, seguido de un primer cambio de rueda, le siguió otra rotura de llanta; el despiste de la grúa que no llegaba nunca;  la espera en el taller a las afueras de Girona, con el Bibendum de Michelin. Todo quedó en las anécdotas ante un encuentro especial. La tranquilidad que nos transmitían desde El Celler cuando llamábamos para anunciar el retraso. La gentileza con la que nos recibió, nos atendió y nos despidió Jordi Roca. Ya nos vamos y me doy cuenta de que no le he hecho la última pregunta. 

¿Cuál es tu somni? (sueño en catalán, en referencia al documental El somni en el que la cocina interactuó con distintas artes, en lo que se llamó una ópera multisensorial en doce platos.)

El somni es seguir soñando.

Moltes gràcies, Jordi. Per tot el teu temps i per la boníssima xocolata que ha fet en Damian Allsop, que reconeixes com a mestre.  Avui ha sigut un dia molt especial.
Muchas gracias, Jordi. Por todo tu tiempo y por el buenísimo chocolate que ha hecho Damian Allsop, que reconoces como maestro. Hoy ha sido un día muy especial. 

martes, 31 de marzo de 2015

ENTREVISTA A JORDI FARRÉS EN CHOCOLAT FACTORY

"El chocolate une. Es un medio para mí"
Jordi Farrés


El obrador de Chocolat Factory, empresa familiar conocida por su chocolate, está ubicado en Sant Cugat del Vallès, Barcelona. Nada más traspasar la puerta marrón que conduce a las oficinas, un delicioso olor a chocolate lo invade todo. "Salimos impregnados", comentan los empleados, colaboradores externos y Vladimir Fileski, managing director, quien nos recibe. Fileski es filólogo alemán pero hasta llegar a su actual cargo en Barcelona, su recorrido ha sido diverso. Desde su Macedonia natal, pasando por Suiza y Austria, ha ocupado distintos puestos en distintas empresas. Tras un máster en hotelería en la CETT se incorpora a Chocolat Factory. Se considera uno más del centenar de personas que, entre tienda, obrador y colaboradores, conforman la compañía.  

Jordi Farrés es el maestro chocolatero de Chocolat Factory desde hace pocos meses. Está dedicado a aportar su visión personal y de diseño al proceso de creación, pero también se considera uno más del equipo. Mientras él acaba una figura de un patinete de chocolate, los otros empleados trabajan en sus piezas y algunos al fondo ríen, sin dejar lo que tienen entre manos. El ambiente laboral es intenso pero hay lugar para la distensión. Todos trabajan en los últimos pedidos de Semana Santa; en aquellas monas de Pascua especiales, hechas a mano y a medida para los padrinos que quieren que prime un determinado chocolate, forma, color, etc. Queda menos de una semana para el lunes de Pascua, día en que la tradición impone que el padrino regala una mona a su ahijado. El tiempo apremia para que la gente recorra pastelerías y chocolaterías y decida qué comprar.

Este año, las novedades de Chocolat Factory son un pingüino, una oveja, una gallina y una rana. También hay monas inspiradas en Frozen (¡cómo no!), Spiderman, las princesas Disney y los pitufos. Además de otros animales como cerditos, campos de fútbol y huevos tradicionales de chocolate en todos los tamaños. Las monas-cesta con las gallinas y sus huevos son muy simpáticas.






Charlamos con Jordi Farrés. He seguido su trayectoria desde que lo conocí en el Máster de Chocolate de la Escuela de Pastelería del Gremio de Barcelona (EPGB) en 2012. Estudió en la Escuela de Hostelería Joviat de Manresa y en la EPGB. En 2002 obtuvo la medalla de oro en el Campeonato Nacional de Jóvenes Pasteleros de España (CANJOP); en 2003 la medalla de oro en la preselección nacional del International Belgian Chocolate Award, y el tercer puesto en la final mundial (certamen que luego se convertiría en el World Chocolate Masters), en el que fue el concursante más joven. En  2007 formó parte del equipo nacional en la Copa del Mundo de Pastelería de Lyon. Fue co-fundador y co-propietario de BCN Cookies hasta que se embarcó en Chocolat Factory. Divertido y entrañable, no es un gran consumidor de dulces pero disfruta elaborándolos y disfruta enseñando. Su labor como docente es bien conocida en el mundo de la pastelería y la chocolatería.


Jordi, ¿qué es el chocolate para ti?
Una herramienta para crear y llegar donde quieres ir.

El chocolate ¿es una moda?
Para nada. Hace 500 años que se consume en Europa. Es un alimento que genera buenas sensaciones al 99% de las personas que lo prueban. Segrega endorfinas, es un regulador del estado emocional. Va bien cuando se está deprimido y aporta energía para la práctica del deporte. Además, es antioxidante. 
 
¿Cómo trabajáis el chocolate?
Intentamos cambiar la idea errónea de que el chocolate engorda reduciendo el porcentaje de azúcar en las recetas. Hay que pensar en el chocolate como si fuera una copa de vino, que aporta salud. Trabajamos con cacao de origen (Arriba de Ecuador, Santo Tomé, etc.) y con porcentajes superiores al 65% de cacao. Equilibramos las recetas para que contengan menos azúcar y un máximo sabor a cacao; menos praliné y más pasta de cacao pura. Evolucionamos hacia sabores menos dulces y cacaos más limpios. 

¿Cómo es el chocolate con el que trabajáis?
El chocolate de calidad es tan fácil de conseguir como un chocolate malo. Nosotros queremos satisfacer el paladar del cliente con estándares de calidad muy altos. El cacao es un producto singular. Distintos factores marcan su sabor: el origen, el suelo, el clima, la manera en que se seca el grano (al sol o en un tambor), etc. Lo importante es la calidad del grano de cacao y que la fermentación se haya hecho bien. Hay países de cultivo de cacao que deben controlar mejor el proceso de fermentación, que dura poco tiempo, a diferencia del vino, en que el proceso es más largo. 

¿Habéis pensado en crear chocolate desde el grano de cacao, el llamado "bean to bar"?
Nosotros partimos de una buena cobertura de chocolate. No dejamos de transformar un producto que hacen otras personas. Pero preferimos centrarnos en una parcela y hacerla bien. Si en un futuro llegamos a crear un chocolate a partir del grano de cacao podría ser una edición limitada.

Vuestros chocolates tienen un diseño y un packaging muy destacados. ¿Hasta qué punto es importante el diseño?
Nuestro core business es el chocolate, que sea un buen producto, con calidad. Es más importante que el diseño. No queremos que lo compren por la caja.

¿Cuál es tu inspiración?
Es curioso, sale de la nada. Me inspiro durante el día y fluye. Así salieron los pingüinos "pim pam pum", chulísimos. Una pieza con una técnica no usada antes. Lo pensé, lo dibujé y lo logramos plasmar. Todos aportamos ideas en el equipo, en el día a día. Es importante ver el trabajo de los compañeros y no contentarte. Ser exigente. Y ser feliz con lo que haces. Estar bien anímicamente me ayuda; si no, no me saldría nada. Aprendo al viajar, al ver, al estar con gente que me aporta recursos para crear.

¿Un lugar donde te inspires?
El tiempo que no trabajo estoy con mi familia o durmiendo. No tengo tiempo el domingo de ir al Tibidabo para ver qué me inspira. Improviso todo el día. La gente te cambia planes en el último momento.

¿Cómo es un día en la vida de Jordi Farrés?
Me levanto a las 6, me arreglo el tupé y eso sí, me tomo mi tiempo para afeitarme con brocha, con agua caliente, bien rasurado. Llego al obrador, saludo a la gente, les animo, compartimos, curramos, hacemos pruebas. Hacia las 7-8 de la tarde ya estoy en casa y dedico tiempo a la familia. Tengo dos niñas de 4 y 7 años. Ceno ligero y a dormir.  El fin de semana con la familia vamos a comer a algún restaurante para probar nuevas cosas.

¿Les gusta el chocolate a tus hijas?
De momento les encanta y les gusta prepararlo. Siempre me piden hacer recetas.

¿Cuáles son tus herramientas básicas?
Un termómetro para el control exacto de la temperatura, una rasqueta, una paletina de alisar y una lengua de filo y una puntilla. ¡Con eso te hago un Ferrari! Me gusta trabajar creando las piezas, que es fácil dominando las técnicas. Soy poco de molde, que los usa todo el mundo. La mayoría de los moldes que usamos aquí son de proveedores locales.

¿Alguna manía de trabajo?
Me adapto a las situaciones. Cada horno cuece diferente y tienes que adaptarte. No tengo manías.  Me gusta el buen rollo en el curro. Si hay problemas hay que solucionarlos y no me voy a casa sin hacerlo.

¿Qué significado tienen para ti los premios que has conseguido en tu carrera y los concursos en los que has participado?
Son metas que me marqué y crucé. Experiencias que suman para llegar donde quiero ir. Aunque no haya ganado algunos he participado y he aprendido mucho.

¿Chocolate para niños? ¿Chocolate para adultos?
Tienen que ser iguales. El chocolate tiene que poder gustar y seducir a un adulto, transportarlo a un mundo infantil. ¡Ojalá hubiera existido Chocolat Factory cuando yo era pequeño!

Si no hubieras sido pastelero y chocolatero, ¿qué hubieras sido?
Quería ser mecánico de Fórmula 1, de coches y competiciones. Empecé a estudiar mecánica pero me frustré. ¡Siempre me sobraban piezas! Aunque los trabajo manuales se me daban bien... En los tests psicotécnicos de la EGB me dijeron que tenía aptitudes para cocinero. Fui a Joviat a Manresa y me gustó. De frustrado con los motores pasé a ser la bomba con 17 años. Me sentía feliz.  La restauración era movimiento, energía. ¡Los cocineros están chiflados! Pero vi que la pastelería era lo mío: los caramelos, la combinación de sabores era mágico. Estuve siete años en una pastelería con un buen maestro. A día de hoy no me veo en otro sitio aunque no tengo miedo a cambiar.

¿Quiénes han sido tus maestros?
Quim Murià, de la Pastelería Murià (en Terrassa), me metía caña a los 17 años. Él había trabajado con Paco Torreblanca y Ferrán Adrià. Olivier Fernández, de la Escola de Pastisseria del Gremi de Barcelona, ha sido un maestro y ahora de adultos, nuestra relación es más de amistad. También me han influido distintos profesionales y jefes de cocina.

¿Qué supone para ti esta etapa en Chocolat Factory?
Estoy súper contento aquí porque me dan confianza y puedo aportar mi personalidad. Los chocolates ya son buenos pero puedo hacerlos distintos, lanzar nuevos productos para sorprender al público. Nos sentimos orgullosos de crear ilusiones y sensaciones buenas. El obrador es una fábrica de felicidad. Y si la gente está contenta, transmite también felicidad. Es cuestión de química, creo en las personas, en el feeling, en la sensibilidad. Y el chocolate une, Es un medio para mí.

Agradecimientos:


 A Vladimir Fileski por su tiempo y explicación de la compañía, que cuenta con tiendas propias en todo el territorio español (algunas en los aeropuerto) y en Andorra, además de diversas franquicias. A Josep Font, director general de Chocolat Factory, por su amabilidad al recibirnos. A Marina Coll de la agencia Mr. Ripley, por gestionar la entrevista y acompañarme durante la visita a la fábrica. Y a Jordi Farrés por ser Jordi Farrés. Un maestro del chocolate y una gran persona.